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jueves, 18 de octubre de 2007

Hollywood y la historia americana


Discutía recientemente con En la encrucijada en su blog Facingdilemmas sobre el papel de Hollywood como narrador de la historia americana. El autor afirmaba que “los americanos no están acostumbrados a perder (Hollywood así lo ha publicitado durante años)”.

Me parece una realidad indiscutible en muchas de las películas americanas, pero creo que también lideran el mercado en contar historias sobre sus propios fracasos. Empezando por las guerras (desde la conquista del Oeste hasta la guerra del Golfo, pasando por la guerra civil, las Mundiales o Vietnam). También cuentan con trabajos que hablan del asesinato de Kennedy, de su mafia, del hundimiento de las Torres Gemelas, o ridiculizan el poder político americano en otras muchas ocasiones, por no hablar de Michaels Moore. Es decir, que su cine también cuenta con una voz crítica capaz de revolver en su basura, cosa que en nuestro país, por ejemplo, escasea. Y lo mismo podemos decir de su cine como herramienta de transmisión de su propia historia.

Creo que hay pocos países en el mundo con esa capacidad para hablar de sus recuerdos y problemas colectivos, y no sólo narrar historias individuales. No digo que no existan (a botepronto me vienen a la cabeza “Salvador”, “La vida es bella” o “El hundimiento”), pero en general las producciones europeas no asoman la cabeza en este tipo de desastres. ¿Falta de dinero? ¿Falta de interés? ¿Por qué existen tan pocos trabajos, por ejemplo, sobre nuestra guerra civil?

Este interés en mantener la parte oscura de uno mismo en la conciencia colectiva lo he visto reflejado también en una entrevista que he leído recientemente al novelista John Berger:

“¿Por qué relatamos historias? ¿Para pasar el rato? A veces. ¿Para decir algo que no ha sido dicho todavía? Sí, a veces. […] A veces parece que el relato tenga voluntad propia, la voluntad de ser repetido, de encontrar un oído, un compañero. Como los camellos cruzan el desierto, así los relatos cruzan la soledad de la vida, ofreciendo hospitalidad al oyente, o buscándola. Lo contrario de un relato no es el silencio o la meditación, es el olvido”.